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Opinión: ARCO, feria de arte… ¿contemporáneo o comercial?

Este fin de semana, nuestros buenos amigos Nenad Katic y Vanessa Moreno han visitado ARCO, la feria internacional de arte contemporáneo que se celebra cada año en Madrid. Estas son sus impresiones al respecto:

“ARCO es un evento con una larga historia -ha llegado a su edición número 32- y unas estadísticas impresionantes: este año, 201 galerías de 27 países diferentes han traído a la feria las obras de más de 2.000 artistas. Con estas cifras, las expectativas eran muy altas.

Durante cuatro días, dos enormes pabellones se han convertido en una especie de ‘metamuseo’, un laberinto de solemnes paredes blancas repletas de miles de coloridas obras de arte.

Estos grandes números evidencian la gran ambición de los organizadores del evento, pero no hacen justicia ni a los artistas ni a los visitantes porque las piezas expuestas carecen del espacio adecuado y del tiempo suficiente para ser disfrutadas como es debido.


Rafa Macarrón, “Al otro lado de la ventana”.

Sin lugar a dudas, hubiera sido mejor contemplar estas obras a lo largo de una temporada entera, galería por galería, en vez de tener que ir durante todo un día deprisa y corriendo.

Si el arte precisa de tiempo para ser creado, también necesita tiempo (y espacio) para ser consumido. Por desgracia, y para maximizar los beneficios, los grandes eventos como ARCO tienden a comprimir la experiencia hasta el punto de que todas las piezas de arte se convierten en una masa borrosa e indistinguible de colores y formas.

A todo lo anterior se suma que, a diferencia de lo que ocurre en los museos, en ARCO no es posible apreciar la exposición como un conjunto, ni agrupar las obras por temática, soporte o cualquier otro criterio: sólo cuenta el poder adquisitivo de las galerías participantes.

Por eso, las imágenes que ilustran este texto corresponden al principio de la visita, antes de que nos saturara la ya mencionada densidad de obras expuestas, la repetición sin fin de temas y de técnicas.


Instalación de Isidora Correa.

Y precisamente esa es nuestra mayor decepción: ARCO adolece de diversidad y de innovación. Apenas hemos visto temas controvertidos u obras que empleen las nuevas tecnologías, el vídeo-arte, la performance o la instalación como soporte. Es absurdo que la rama más vital de la producción de arte actual no esté representada en una muestra que dice ser de ‘arte contemporáneo’.

De hecho, todo lo que los visitantes de este año hemos podido ver han sido pinturas, grabados y murales de plástico que bien podrían haberse exhibido hace 50 años. Parece que la intención de ARCO ya no sea ofrecer una visión de lo que se cuece en el arte contemporáneo, sino satisfacer el gusto específico de su mercado objetivo… y pudiente. Lo que estos compradores conservadores quieren son piezas decorativas que se puedan comprar por docenas y que puedan ser colgadas en los pasillos corporativos y en las salas de conferencias.


Abel Barroso, “Good bye machine”.

A lo largo de estos 32 años, ARCO parece haber perdido la contemporaneidad que luce en su nombre y se ha convertido en una feria comercial. Por suerte para los verdaderos amantes del arte, esto no quiere decir que los creadores hayan dejado de innovar y de caminar hacia adelante, simplemente significa que ARCO se ha vuelto completamente irrelevante.

Ya no necesitamos grandes ferias y ni entradas caras, cuando el arte está a sólo un clic de distancia o cuando, incluso, lo mejor del arte a menudo se oculta en las grietas de las fachadas, a la vuelta de la esquina”.

* la imagen de portada de este artículo corresponde a la obra “Noticias” de Juan Genovés.

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