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Carrol: En busca de la inocencia perdida

Se llamaba Charles Lutwidge Dodgson y era un sacerdote anglicano, pero pasó a la historia por el pseudónimo con el que firmaba sus obras: Lewis Carroll. El autor de Alicia en el País de las Maravillas no sólo escribía, también fotografiaba. En 1856 descubrió la fotografía y la convirtió en un medio de expresión de su particular filosofía: la creencia en la divinidad de lo que él llamaba belleza, un estado de perfección moral, estética o física. Esta visión de lo divino pronto se transformó en una obsesiva persecución de la belleza como un estado de gracia, un medio para recuperar la inocencia perdida.

El libro Lewis Carroll, Photographer, de Roger Taylor (2002), es la obra definitiva acerca de su actividad como fotógrafo, que documenta exhaustivamente cada una de las fotografías de Lewis Carroll que se han conservado. En 1880, Carroll abandona la fotografía después de 24 años de actividad en los que llegó a dominar completamente la técnica. Disponía de su propio estudio y había generado unas 3.000 imágenes, de las cuales se conservan menos de 1.000.

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